Sobre todo sed felices y intentad hacer felices a la gente que os rodea en esta época tan bonita!!!
sábado, 24 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
Confesiones bajo la luna!
Miro el cielo en esta noche estrellada. Tengo la esperanza de
encontrarte allí arriba, mirándome con ojos tiernos y cariñosos. Echo tanto de
menos tu sonrisa. Pero, ¿cómo echar de menos algo que nunca he conocido? ¿qué nunca ha estado a mi alcance? no puedo explicarlo, solo he tenido ocasión de
verla en mis sueños, y ahora que se ha desvanecido la echo en falta.
Me pregunto cómo será estar en tus brazos y como de cálidos serán tus
labios… Tengo la certeza de que cuando tu mirada se cruce con la mía sabré
reconocerte, pero tengo miedo de no encontrarte nunca y además, el amor es tan
complicado que no se si quiero enamorarme, muchas veces lo deseo y otras me
alegro por no haberte encontrado todavía, incluso en ocasiones temo ese
momento.
¿Cómo me contradigo verdad? Primero soy valiente y quiero enfrentarme
a los retos del amor. Al segundo soy una cobarde y ya no deseo encontrarlo. Supongo que los seres humanos somos así por
naturaleza, valientes y cobardes, todo junto en un mismo ser, no puede existir
una sin la otra, porque la cobardía hace a las personas valientes. Cuando
alguien se enfrenta a sus miedos, es cuando de verdad está siendo valiente.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Romeo y Julieta!
ROMEO.— Si profanara con mi mano indigna este sagrado altar, el amable pecado venial serían mis labios, dos ruborosos peregrinos que están listos para suavizar con un tierno beso tan rudo contacto…
JULIETA.— Buen peregrino, eres demasiado injusto con las palmas de tus manos, que bien muestran tu devoción. Los santos también tienen manos con las que tocan a los peregrinos y cuando enlazan palma con palma, es como un beso santo de los peregrinos…
ROMEO.— ¿Y acaso, los santos, no tienen labios?
¿Tampoco los peregrinos?
JULIETA.— Sí, los peregrinos tienen labios para decir sus oraciones…
ROMEO.— Entonces, santa adorada, deja que los labios hagan lo que las manos: que recen y que la fe no desespere.
JULIETA.— Los santos no se mueven, aunque acceden a las plegarias.
ROMEO.— Pues no te muevas, mientras recojo el fruto de mis plegarias…y que tus labios limpien a los míos del pecado.
JULIETA.— Venga a mis labios el pecado que los tuyos tenían
ROMEO.— ¿Un pecado?, ¿de mis labios? Oh, dulce urgencia del pecado, dame otro pecado, dame, dame...
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